Acaba de publicarse la resolución rectoral 1697 que "resuelve" "aprobar el retorno a la modalidad presencial de las actividades académicas" "a partir del período académico 2022-2" .
Esta resolución ha sido publicada con fecha 25 de agosto y pretende dar cumplimiento al "acuerdo" tomado por el Consejo Universitario en su sesión del 24 de agosto. Considerando la línea de tiempo, da la impresión de una eficiencia inusitada. Se reúnen, aprueban y al día siguiente, ya está publicada con resolución rectoral.
El primer considerando contiene un error garrafal. La RR 1697 aprueba el retorno a la presencialidad en la UNI, que es una universidad, pero se aprueba considerando la RM 108-2022-MINEDU del 7 de marzo que establece el retorno a la presencialidad en el año escolar. Sí, escolar, para las instituciones de la Educación Básica. Básica, no universitaria.
La resolución que aprueba el retorno a la presencialidad de las universidades es la RVM 076-2022-MINEDU del 17 de junio. ¿Alguien puede informarle a la Alta Dirección de la Universidad que la Educación Básica no es la Universitaria? Pero el segundo considerando también contiene errores. Allí se dice que el Tercio Estudiantil solicitó el retorno al 100% de la presencialidad. Esto es falso. El Tercio Estudiantil solicitó el retorno a la presencialidad para el segundo semestre y que se elabore una guía similar a las anteriores donde se establezcan las situaciones que permitan mantener la virtualidad. En ningún momento se solicitó el 100%. La intervención del Tercio Estudiantil se realizó en el minuto 13:22 de la reunión, donde solicitaban que el tema pase a la agenda de la reunión. La agenda del Consejo Universitario no contemplaba el retorno a la presencialidad. El pedido de los estudiantes del retorno a la presencialidad no se sustenta en ningún documento. Fue incorporado a la agenda sin ningún debate. A nadie le importó contar con un documento de soporte técnico para respaldar el pedido, o la conformación de una Comisión de Expertos que trabaje la propuesta del retorno. El Tercio lo solicitó y pasó a la agenda y luego se aprobó sin ningún debate.
La intervención del estudiante que argumentó el pedido del retorno a la presencialidad, según la RR 1697 Brayan Delgado, no mencionó en ningún momento el 100%; se dijo, textualmente, "un gran porcentaje". ¿Por qué no el 100%? Porque "hay cosas que en la virtualidad se han mejorado" y solicita "que quede a criterio de las escuelas profesionales qué cursos puntuales se mantengan en la modalidad virtual". (Ver el video a partir del minuto 2:06:44).
Pero ¿por qué no continuar con la virtualidad? De acuerdo con la intervención del Estudiante, porque "la virtualidad ha flaqueado", "el modo virtual está pasando factura porque no estamos correctamente preparados". En breve, la Universidad habría fracasado al implementar la modalidad 100% virtual. Pero ¿cómo se puede demostrar esto? El Estudiante argumenta que "un reflejo de esto es lo del examen de admisión", "el promedio de ingreso ha bajado bastante".
Con estos argumentos se pasó a votar la propuesta de retorno a la presencialidad. El rector pidió votar por algo que no se había solicitado: "someter a votación el retorno al 100% de la presencialidad". Pero nadie lo corrigió, se produjo un breve silencio y entonces el rector decidió aprobar su propuesta con el método del "si nadie se opone se dará por aprobado", y un momento después dijo: "se da por aprobado". Y esta aprobación se convierte en el RR 1697 en: "El pedido en mención fue sometido a votación, aprobandose por unanimidad" (¡).
En este blog ya hemos criticado este método de votación donde se aprueba lo que nadie ha votado. El art. 112.1 de la Ley de Procedimiento Administrativo General, señala que "(los integrantes de órganos colegiados asistentes a la sesión)...deben afirmar su posición sobre la propuesta en debate, estando prohibido inhibirse de votar". Es decir, el voto es obligatorio. Pero aquí, no votar es equivalente a aprobar o desaprobar algo por unanimidad.
Pero más allá de la legalidad de la votación, lo que la RR 1697 dice, no es lo que solicitaron los estudiantes. Los estudiantes solicitaron un retorno a la presencialidad en "un gran porcentaje".
¿Qué porcentaje? El que estimen las Escuelas Profesionales admitiendo la virtualidad en algunos cursos. Los estudiantes de los últimos cursos de cada carrera, generalmente están realizando sus prácticas pre profesionales. ¿Qué es mejor para ellos, la presencialidad o la virtualidad?
Pero solicitar la virtualidad o la presencialidad al 100% o en cualquier
otro porcentaje, requiere de un estudio serio. Los estudiantes solicitaron el retorno a la presencialidad con argumentos muy pobres. Dicen que la virtualidad "ha flaqueado", "que está pasando factura", "que no están correctamente preparados", que "un reflejo de esto, es lo del examen de admisión".
otro porcentaje, requiere de un estudio serio. Los estudiantes solicitaron el retorno a la presencialidad con argumentos muy pobres. Dicen que la virtualidad "ha flaqueado", "que está pasando factura", "que no están correctamente preparados", que "un reflejo de esto, es lo del examen de admisión".
Lo del examen de admisión es un tema muy delicado y grave. La Comisión de Admisión decidió ampliar el rango de ingresantes y la nota mínima ha sido desaprobatoria en 20 de las 29 carreras ofertadas. Es un tema que merece un análisis aparte.
Lo que aquí importa es la relación de causalidad que el Estudiante del Tercio ha realizado en el Consejo Universitario. ¿Los ingresantes han sido afectados por la virtualidad? Los escolares, muy probablemente, y tal vez también los postulantes que provienen de las academias, incluída el CEPREUNI. Asumiendo que la virtualidad ha afectado los resultados del examen de ingreso a la UNI, eso no conduce a cambiar la modalidad virtual de la UNI porque nunca la han experimentado.
El reclamo de los estudiantes por una presencialidad "en gran porcentaje" es porque presumen que la virtualidad no ha sido un buen sustituto de la presencialidad. Y pienso que tienen razón. He escrito varios artículos al respecto en este blog, donde intento demostrar que la modalidad virtual no ha sido nada más que la presencialidad virtualizada.
El Docente dicta la clase de siempre, pero frente a una cámara. Y, efectivamente, eso no es virtualidad. Pero la presencialidad tampoco puede identificarse como la solución al problema. El éxito en visualizaciones de los videos en youtube de un profesor de la FIEE, subidos por algunos alumnos, son una clara demostración que eso no es una presencialidad deseada. La presencialidad debe ser estimada en base al modelo educativo y no al solo hecho de tener un aula, un profesor y una pizarra. La tecnología TPS (tiza, pizarra, saliva) no es un modelo educativo.
El deber de la UNI es construir su modelo educativo considerando la presencialidad tanto como la virtualidad. No la presencialidad de antes del COVID ni la virtualidad por el COVID.
Considero que se debe empezar por anular la RR 1697 y cumplir con la RVM 076 de junio pasado. El artículo tercero establece el retorno a la presencialidad cumpliendo con las medidas de prevención y control del COVID. No se necesita la aprobación del Consejo Universitario. Las Escuelas deben priorizar los cursos en modalidad virtual en concordancia con el artículo tercero, en los casos, por ejemplo, en que el aforo de las aulas frente al COVID sea imposible; o en el caso de Docentes con comorbilidad.
De manera simultánea en el período 2022-2 se deben identificar docentes y cursos para realizar una experiencia piloto de virtualidad, orientada a obtener la licencia institucional en esta modalidad. La experiencia, con errores y aciertos, durante cinco semestres debe ser recuperada con un modelo educativo híbrido, que le permita a nuestra Universidad mantener el prestigio alcanzado desde su fundación.




Totalmente de acuerdo. Necesitamos capitalizar los esfuerzos realizados por un grupo, creo no menor, de docentes que han puesto buena cantidad de su energía en adaptar su cátedra a un sistema o modelo educativo que explota, a favor del estudiante, tecnología de vanguardia, aplicando lo mejor de una virtualidad bien entendida, aplicando técnicas que coadyuvan al aprendizaje, haciéndolo ameno o más llevadero.
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