Premunido de mi carné de vacunación, mi DNI y mi receta, me dispuse a cumplir la orden que hace un mes me impuso mi médico telemático: llegar a la farmacia del Hospital Sabogal del Callao.
La travesía prometía estar llena de peligros en medio de la tercera ola de la pandemia y con el reinado indiscutible de omicron. Algunos amigos me habían advertido que el hospital estaba saturado y recomendaban postergar la aventura para momentos más propicios. Los noticieros habían informado que el gerente de la red Sabogal estuvo contagiado, hospitalizado y unas tres semanas en la UCI. Radio Bemba informaba de colas en la emergencia COVID de los hospitales de ESSALUD y que el personal médico se estaba contagiando. ¿Y tu quieres ir a la farmacia?
Una de las externalidades negativas de la pandemia fue el abandono de la atención primaria y el abandono de la atención de las consultas de especialización. Hasta que bajó la segunda ola y se reiniciaron estas actividades pero en el nivel telemático, en el nivel remoto y casi exclusivamente para la atención de farmacia.
Y en esas estábamos cuando omicron apareció en el Perú. En lo que va de enero ya se superó el pico más alto de contagios desde marzo del 2020. En marzo del 2021 se registraron 251,854 contagios y en lo que va de enero 2022 ya estamos en 255,262. Y con los contagios vienen las hospitalizaciones y con las hospitalizaciones las UCI y con las UCI la morgue ¿Y tu quieres ir a la farmacia?
Estoy a menos de un kilómetro del hospital. Lo primero que se me ocurrió fue descartar el transporte público. El taxi informal en el Callao tiene casi los mismos precios que el taxi por aplicativo y estos precios para distancias cortas me hicieron recordar la timidez que me provoca el gastar. La mejor decisión era caminar. Además mi reloj siempre me aconseja caminar y mejor si caminas rápido, "como si te estuvieran persiguiendo para asaltarte", porque así se queman más calorías. El problema es que nunca eres el único en la vereda y los aerosoles son muy democráticos y siempre están dispuestos a acompañarte sin preguntarte nada. Y aquí me encuentro, nuevamente, con una externalidad negativa, la propia vacunación.
El alto nivel de vacunación que el Perú tiene en términos de la población objetivo, mérito de este gobierno (alguno tenía que tener), ha provocado un serio relajamiento en las conductas anti covid: distanciamiento social, mascarilla y ventilación ya no se respetan como antes. Y esto ocurre particularmente con la población joven y adulta.
En mi camino, sin embargo y para mi sorpresa, la mayoría de peatones emplea mascarilla y la mayoría guarda el distanciamiento social y tampoco se aprecian aglomeraciones, además que la ruta es al aire libre. Pero una cosa es tener mascarilla y una diferente es tener la mascarilla necesaria para evitar el contagio.
En el camino encontré una proporción de peatones, relativamente significativa, que emplea solo mascarillas quirúrgicas, que es lo mismo que no usar mascarillas. La mascarilla quirúrgica de una capa genera una protección de 15% frente a omicron y de 20% frente a la delta. Es decir, no sirven. Otro grupo, también significativo, está empleando mascarillas KN95 que protegen al 95% y 96%, respectivamente, frente a estas variantes del COVID. Estas sí son mascarillas. Seguimos nuestro camino al Sabogal, tomando las distancias necesarias y llegamos bien a nuestro destino.
La entrada a la emergencia COVID, sobre la Av. Guardia Chalaca, tenía una cola de espera de apenas cinco personas, a ninguno se le notaba muy afectado. A partir de este puto el tráfico peatonal es más denso pero se sigue respetando el distanciamiento; seguimos adelante y llegamos a la entrada del Hospital. "Carné de vacunación y DNI", carné de vacunación y DNI y "adelante señor" "gracias, muy amable".
Desde el ingreso se podía apreciar un Hospital Sabogal como si la fecha de hoy fuera 20 de enero del 2019 y no 20 enero del 2022. Sobre la derecha y al inicio del primer pabellón se apreciaba una cola de unos 30 metros, bien ordenada. En la entrada principal de este mismo pabellón el tráfico peatonal era normal como hace tres años, con varios asegurados sentados en las bancas y cobijados y refrescados por el jardín de esta parte del pabellón. Seguí avanzando y me sentí tranquilo. Casi al terminar este pabellón está el ingreso para farmacia y más allá, los módulos donde se toman muestras para análisis de laboratorio. Todo muy anormal considerando la tercera ola, pero muy normal como si estuviéramos en la pre pandemia.
Entonces sentí algo de temor. Durante las dos primeras olas el área de farmacia se había fusionado con el área de toma de muestras y todo se había llenado de sillas de ruedas, camillas y camas y todas con pacientes y todos los pacientes con balones de oxígeno. ¿Cómo estaría ahora el área de farmacia con la tercera ola?
En el patio de farmacia me encontré con alrededor de 30 personas; eran las 9 de la mañana. Dos colas frente a dos ventanillas, para ingresar recetas. El resto de gente esperando a que las llamen para recibir sus medicinas. Ingresé a la segunda cola y 10 minutos después presenté mi receta y un minuto después me dijeron que el medicamento estaba agotado. Que llame por teléfono. Anoté el teléfono y el anexo, le dí las gracias a la señorita que me atendió y salí del área de farmacia. Estaba contento.
Inicié el retorno a casa en el mismo vehículo que me había traído. Caminé rápido "como si me estuvieran persiguiendo". Seguía contento. La segunda ola está allí con el pico más alto de contagios; el Callao sigue siendo una de las regiones con mayor porcentaje de contagio.Pero los contagiados ya no alimentan con la misma velocidad a las hospitalizaciones y las hospitalizaciones ya no alimentan con la misma velocidad a las UCI y las UCI ya no alimentan con la misma velocidad a las morgues. Si por un lado el pico de contagios de todo el período se alcanzó en lo que va de este mes de enero, en lo que va de enero seguimos en el piso de fallecimientos que se observa desde agosto pasado. Son las externalidades positivas de la vacunación.
Yo sigo contento por esta travesía casi exitosa al Hospital Sabogal. El balance de externalidades de la vacunación, creo que es favorable a las externalidades positivas. Las externalidades negativas generan incentivos perversos en la conducta de los vacunados que favorecen el contagio. Las externalidades positivas minimizan los síntomas, las hospitalizaciones, las UCI y los fallecimientos y esto es lo que hoy he visto en el Sabogal.
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